Mi experiencia en el colegio

Cuando tenía seis años, empecé la escuela primaria en un colegio cerca de mi casa. Todos los días caminaba unos quince minutos para llegar. Llevaba una mochila muy pesada con libros, cuadernos, un estuche y mi almuerzo. No teníamos ordenadores ni tabletas en clase. Escribíamos todo a mano y usábamos la pizarra para copiar los ejercicios.

Mis asignaturas favoritas eran Historia y Ciencias Naturales porque me encantaba aprender cosas nuevas sobre el mundo. También me gustaba Educación Física porque podía correr y jugar con mis compañeros. En cambio, las Matemáticas me parecían bastante difíciles. A veces necesitaba la ayuda de mi profesor o de mis padres para hacer los deberes.

Teníamos clases de lunes a viernes. Cada mañana, el profesor pasaba lista y después empezábamos las lecciones. Leíamos textos, hacíamos ejercicios, trabajábamos en grupo y respondíamos preguntas. Cuando no entendíamos algo, levantábamos la mano para pedir ayuda. Los profesores eran bastante estrictos, pero también querían que aprendiéramos y nos esforzáramos.

Durante el recreo jugábamos al fútbol, hablábamos con los amigos o comíamos un bocadillo. Era mi momento favorito del día porque podía descansar un poco antes de volver al aula.

Antes de los exámenes estudiaba mucho. Repasaba mis apuntes, leía los capítulos del libro y hacía ejercicios de práctica. Siempre estaba un poco nervioso, pero cuando sacaba buenas notas me sentía muy orgulloso. Si suspendía un examen, intentaba aprender de mis errores y estudiar más para la siguiente oportunidad.

También recuerdo algunas excursiones escolares. Visitamos museos, castillos y parques naturales. En esas salidas aprendíamos muchas cosas fuera del aula y pasábamos un buen rato con nuestros compañeros y profesores.

Me gustaba ir al colegio e hice buenos amigos, pero no todos los días eran fáciles y había mucho que estudiar. Pero aprendí muchas cosas importantes y descubrí que estudiar puede abrir muchas puertas en la vida.